RETOS DE LA INDUSTRIA POST COVID19

RETOS DE LA INDUSTRIA POST COVID19

Por Luis Azaña

La percepción que teníamos de la industria antes del virus ha cambiado por completo, las economías, los sistemas productivos y las cadenas de valor de la hiperglobalización han demostrado ser más vulnerables de lo que pensábamos puesto que pocas empresas tenían en sus análisis de riesgo el advenimiento de una pandemia de esta magnitud, y si lo tenían no lo contabilizaron.

La industria que vendrá

Desde la incorporación de China a la  Organización Mundial del Comercio en 2001, la industria como motor de aporte al PIB no ha hecho más que descender hasta tocar suelo y estabilizarse en torno al 11% del PIB, y eso es bueno, parece que el escenario irá a mejor. 

Dicho esto, hay 5 retos que la economía española y la industria como motor económico han de superar, las empresas que consigan resolver estos problemas serán las que más prosperen:

Baja densidad

La mayoría del tejido industrial español está compuesto por PYMES.  Esto no es muy distinto de la media de la UE, pero sí lo es la baja densidad de empleados por empresa industrial (10 de España, frente a 30 empleados/empresa de Alemania). 

La concentración de empresas en clusters y grandes corporaciones mediante fusiones y adquisiciones reduciría ineficiencias, evitaría duplicidades, profesionalizaría las empresas, mejoraría la colaboración compartiendo información, aunaría así estrategias de internacionalización e investigación, amortizando la adquisición de capital y creando sinergias y economías de escala para afrontar los demás retos. 

Internacionalización

La balanza comercial española se ha equilibrado igualando importaciones y exportaciones según datos oficiales. Las empresas españolas están abandonando la autarquía para vender sus productos y servicios fuera, algo imprescindible en el mundo global en el que vivimos.

Una balanza hiperespecializada en el sector del automóvil, sus componentes y materias primas. Para mejorar no solo basta con aumentar las cifras de exportación sino que también es esencial diversificar la economía, sus empresas, sus servicios y productos de alta demanda y valor añadido. A su vez, la atracción y puesta en valor del capital humano para intensificar el conocimiento y la estructura productiva.

Exportaciones españolas. Fuente: OEC

La diversificación

La industria española tiene una dilatada experiencia en sectores claves que hay que revalorizar, aplicar el conocimiento obtenido en una industria y aplicarla a otra.  Por ejemplo, podemos utilizar el conocimiento desarrollado en la industria energética, automovilística y aeronáutica para producir bombas centrífugas, los componentes: rodamientos, álabes y cuchillas, gomas para sellos, todo el equipamiento accesorio: sensores, instrumentación, válvulas, cables, tuberías; las herramientas para construir como electrosoldadoras, la maquinaria para producirlo; desarrollando esa nueva industria se puede expandir a otros productos más similares.

Si a eso le añadimos el férreo control extranjero de las compañías estratégicas españolas tras la desnacionalización: defensa (Airbus compró CASA), energía (Enel compró Endesa y Mubadala Cepsa), automovilística (Volkswagen compró SEAT), metales (Mittal compró Ensidesa), provoca que la toma de decisiones estratégicas relevantes que afectan a la economía española se hagan fuera de aquí, dejando a la industria tradicional con poco margen de maniobra.

La renovación

Una nueva industria se está desarrollando, una industria que es transversal a todas, la industria 4.0 puede ser en sí mismo un sector de la economía como lo es en Alemania, Japón o EEUU, para exportar máquinas y soluciones tecnológicas, electrónicas y digitales en vez de exportar el talento que lo hace en el extranjero.

Además, la retención del talento genera efectos beneficiosos que cascadean y se retroalimentan. Otros factores de competitividad relevantes, son el capital humano y sus relaciones laborales, el marco regulatorio, administrativo y fiscal, la financiación, la energía, el transporte y la sostenibilidad.

Competir por el precio de horas-hombre contra China, India o Marruecos solo arruinaría aún más a las empresas españolas. No compitamos en precio contra China, hagámoslo contra Alemania, en productos y semiterminados de mayor valor añadido, equipos de apoyo e instrumentación de precisión, en inteligencia industrial, en inversión en I+D+i, crear nuestros propios productos, nuestra marca y exportarla.

La economía Alemana tenía en 2019 prácticamente pleno empleo con un 5% de paro estructural, su economía está saturada, reciben mano de obra de otros países, entre ellos España porque no hay alemanes suficientes para tanto trabajo, he ahí la gran oportunidad.

En definitiva, tenemos por delante nuevos retos y un escenario esperanzador a pesar de los contratiempos sufridos en este 2020. Necesitamos aprovechar los puntos fuertes de nuestra economía para adaptarnos a un nuevo modelo productivo y ser competitivos en este mercado globalizado. 

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