EL TAMAÑO (EMPRESARIAL) SÍ IMPORTA

Lo importante para un país es que nazcan niños, ¿te suena la afirmación? Nadie la pone en duda. Después, el siguiente escalón es: lo importante para un país es que esos niños sobrevivan, crezcan, se eduquen y formen parte del progreso de su comunidad. De nada sirve que nazcan muchos niños si la mortalidad es muy elevada. De nada sirve tener muchos jóvenes si éstos no se pueden formar, si no tienen salud y no pueden prosperar.
Javier García
Partner de LUA

Javier García, economista y consejero en LUAFUND, da en la clave: hacen falta 1.600 empresas de menos de 10 empleados para generar el negocio que genera 1 sola empresa con más de 250 empleados.

Ahora sustituye la palabra ‘niño’ y pon ‘empresa’.  El razonamiento es el mismo. Lo importante para una economía es que haya una sólida natalidad empresarial. Que nazcan empresas, que muchas personas inquietas y emprendedoras busquen vías para transformar la sociedad ofreciendo bienes y servicios. Pero de nada sirve si esas empresas mueren muy rápido. De nada sirve si esas empresas se quedan estancadas y no crecen.

Un dato, hay muy pocas empresas con alto crecimiento (según la Eurostat, son aquellas que de forma sostenible crecen al 20% anual). Hay muy pocas empresas que pasen de tener menos de 10 trabajadores y en unos años superen los 500, por ejemplo. Pero cuando el número de estas empresas aumenta, son capaces de contribuir al crecimiento del 50% del empleo de un país -de media-, según los datos del Banco Mundial.

Pensemos en España por un momento. La gran crisis financiera de 2008 ha llevado a una destrucción masiva de empresas. Entre 2008 y 2014 en España desaparecieron más de 300.000 empresas, es decir, 9 de cada 100 empresas. Desde 2014 hasta 2019, cuando la economía empezó a coger fuerza, en España se crearon 244.000 nuevas empresas. Es decir, incluso antes de la pandemia, no habíamos recuperado el nivel de empresas que existía antes de la crisis financiera.

La pregunta es, ¿y qué tipo de empresas se han creado? El 87% de las empresas creadas desde 2014 no tienen asalariados. La economía española tiene hoy más proporción de empresas sin asalariados que en 2014 y que en 2008. Aquí podemos encontrar ya algunas de las razones de por qué el ritmo de la creación de empleo ha sido más lento en España que en otros países, o por qué los salarios no han crecido de forma sólida o por qué la creación de riqueza no fue todo lo rápido que se podía esperar.

Cada vez hay más evidencia académica que demuestra que el tamaño empresarial es diferencial para explicar mayores salarios, más empleo, más exportaciones… en definitiva, más prosperidad económica. En España, esto ha sido crítico, y el propio Banco de España lo ha analizado en detalle. Precisamente para buscar la respuesta a una pregunta: ¿por qué no crecen más las empresas españolas? Antes de entrar en ello, veamos algunos datos.

En las dos siguientes tablas se muestran las variables económicas más relevantes de dos sectores fundamentales: la industria y los servicios. Y se analizan esas variables dependiendo del tamaño empresarial.

En España hay unas 196.000 empresas industriales. Aportan el 15% de nuestro PIB y casi el 14% del empleo. Si analizamos bien el sector, observamos cosas como las siguientes:

  1. La inmensa mayoría de las empresas industriales de España (el 84%) tiene menos de 10 empleados. Tan sólo hay poco más de 1.000 empresas con más de 250 empleados (el 0,52%).
  2. Esas 1.000 empresas generan un negocio un 62% superior a la suma de todas las demás empresas, las 195.000 juntas. Ellas solas aportan el 39% de todo el empleo, pagan el 50% del gasto de personal de toda la industria y son las que movilizan 6 de cada 10 euros de lo que se invierte.

Por si te queda alguna duda para interpretar este dato: 

«Se necesitan 1.600 empresas de menos de 10 empleados para generar el negocio que genera 1 sola empresa con más de 250 empleados. ¿Es o no crítico el crecimiento empresarial?»

 

En el caso de los servicios pasa algo similar. Hay casi 1,6 millones de empresas de servicios en España. Pero menos de 1.800 tienen más de 250 empleados. Lo habitual de una empresa de servicios, en el 95% de los casos, es que casi no tenga empleados o, como mucho llegue a menos de 10.

Y, como ocurría con la industria, se necesitan 1.450 empresas de servicios de menos de 10 empleados, para generar el negocio que genera 1 sola de más de 250 empleados. Pero es que, además, el tamaño es crítico desde un punto de vista social. Detrás del tamaño empresarial está la productividad y con ella los salarios.

Ahora volvamos a la pregunta anterior, ¿qué impide crecer a las empresas? El propio Banco de España constata una realidad: una de las grandes barreras para el crecimiento empresarial es el acceso a financiación. No sólo deuda, también capital. Crecer no es gratis. Crecer consume muchos recursos. Crecer implica gestionar riesgos, dotarse de equipos y estructuras. Y eso no se puede hacer sin una buena estructura financiera.

Como se puede observar en el siguiente gráfico, es vital pasar la etapa más dura y crítica de todo negocio (la de la Valle de la Muerte y la fase de transición) y crecer. Y a partir de ahí mantenerse ‘eternamente joven’ gracias a la innovación. 

Fuente: Guilherme Fowler A. Monteiro

En las etapas de alto crecimiento, aquel país donde más capital público-privado fluya entre el ecosistema empresarial, más posibilidades tendrá para lograr un sólido crecimiento y dinamismo. Las empresas de capital riesgo y un buen sistema financiero son las palancas que todo país necesita para generar riqueza.

Sin capital financiero no se puede invertir, no se puede innovar de forma sólida, no se puede atraer al mejor talento, no se puede internacionalizar una empresa, no se puede hacer un marketing adecuado, es más difícil diferenciarse, es más complejo llevar a cabo grandes desafíos que requieren de una gestión compleja.

Pero, y este pero es muy importante, el dinero no lo es todo. Crecer requiere estrategia, visión, capacidad para absorber tecnología, equipos sólidos, un producto y servicio diferencial, que pueda replicarse (escalar) fácilmente. Crecer requiere canales de distribución, una buena red de contactos. Tener un ecosistema de proveedores muy fiable.

En definitiva, un país de empresas dinámicas e innovadoras requiere de grandes líderes empresariales con una exquisita capacidad de gestión y visión. Y además, vivimos en una sociedad con grandes retos sanitarios, ambientales y sin duda, económicos. Según indicó Roger Martin en el Global Peter Drucker Fórum, y que sintetizó de forma magnífica Xavier Marcet

Las empresas no pueden hacer solamente una cosa (producir y orientarse a beneficios). Simplemente, dice Martin, la humanidad no funciona así. Tendemos, o deberíamos tender, a unas empresas con capacidad de dar resultados corporativos y resultados sociales, alineados, sin contradicciones flagrantes. Empresas que hacen varias cosas a la vez”.

Las empresas son el oxígeno para una prosperidad social. Y cuando estas crecen el oxígeno es mayor y de más calidad. Son un vehículo para afrontar los grandes retos a los que nos enfrentamos. Es la forma en la que podemos transformarnos como sociedad de una manera sostenible y duradera. Empresas ‘con alma’, con propósitos, que crecen, innovan, crean empleo, bombean riqueza y nos hacen progresar.

JAVIER GARCÍA

@javisensum

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RETOS DE LA INDUSTRIA POST COVID19

RETOS DE LA INDUSTRIA POST COVID19

Por Luis Azaña

La percepción que teníamos de la industria antes del virus ha cambiado por completo, las economías, los sistemas productivos y las cadenas de valor de la hiperglobalización han demostrado ser más vulnerables de lo que pensábamos puesto que pocas empresas tenían en sus análisis de riesgo el advenimiento de una pandemia de esta magnitud, y si lo tenían no lo contabilizaron.

La industria que vendrá

Desde la incorporación de China a la  Organización Mundial del Comercio en 2001, la industria como motor de aporte al PIB no ha hecho más que descender hasta tocar suelo y estabilizarse en torno al 11% del PIB, y eso es bueno, parece que el escenario irá a mejor. 

Dicho esto, hay 5 retos que la economía española y la industria como motor económico han de superar, las empresas que consigan resolver estos problemas serán las que más prosperen:

Baja densidad

La mayoría del tejido industrial español está compuesto por PYMES.  Esto no es muy distinto de la media de la UE, pero sí lo es la baja densidad de empleados por empresa industrial (10 de España, frente a 30 empleados/empresa de Alemania). 

La concentración de empresas en clusters y grandes corporaciones mediante fusiones y adquisiciones reduciría ineficiencias, evitaría duplicidades, profesionalizaría las empresas, mejoraría la colaboración compartiendo información, aunaría así estrategias de internacionalización e investigación, amortizando la adquisición de capital y creando sinergias y economías de escala para afrontar los demás retos. 

Internacionalización

La balanza comercial española se ha equilibrado igualando importaciones y exportaciones según datos oficiales. Las empresas españolas están abandonando la autarquía para vender sus productos y servicios fuera, algo imprescindible en el mundo global en el que vivimos.

Una balanza hiperespecializada en el sector del automóvil, sus componentes y materias primas. Para mejorar no solo basta con aumentar las cifras de exportación sino que también es esencial diversificar la economía, sus empresas, sus servicios y productos de alta demanda y valor añadido. A su vez, la atracción y puesta en valor del capital humano para intensificar el conocimiento y la estructura productiva.

Exportaciones españolas. Fuente: OEC

La diversificación

La industria española tiene una dilatada experiencia en sectores claves que hay que revalorizar, aplicar el conocimiento obtenido en una industria y aplicarla a otra.  Por ejemplo, podemos utilizar el conocimiento desarrollado en la industria energética, automovilística y aeronáutica para producir bombas centrífugas, los componentes: rodamientos, álabes y cuchillas, gomas para sellos, todo el equipamiento accesorio: sensores, instrumentación, válvulas, cables, tuberías; las herramientas para construir como electrosoldadoras, la maquinaria para producirlo; desarrollando esa nueva industria se puede expandir a otros productos más similares.

Si a eso le añadimos el férreo control extranjero de las compañías estratégicas españolas tras la desnacionalización: defensa (Airbus compró CASA), energía (Enel compró Endesa y Mubadala Cepsa), automovilística (Volkswagen compró SEAT), metales (Mittal compró Ensidesa), provoca que la toma de decisiones estratégicas relevantes que afectan a la economía española se hagan fuera de aquí, dejando a la industria tradicional con poco margen de maniobra.

La renovación

Una nueva industria se está desarrollando, una industria que es transversal a todas, la industria 4.0 puede ser en sí mismo un sector de la economía como lo es en Alemania, Japón o EEUU, para exportar máquinas y soluciones tecnológicas, electrónicas y digitales en vez de exportar el talento que lo hace en el extranjero.

Además, la retención del talento genera efectos beneficiosos que cascadean y se retroalimentan. Otros factores de competitividad relevantes, son el capital humano y sus relaciones laborales, el marco regulatorio, administrativo y fiscal, la financiación, la energía, el transporte y la sostenibilidad.

Competir por el precio de horas-hombre contra China, India o Marruecos solo arruinaría aún más a las empresas españolas. No compitamos en precio contra China, hagámoslo contra Alemania, en productos y semiterminados de mayor valor añadido, equipos de apoyo e instrumentación de precisión, en inteligencia industrial, en inversión en I+D+i, crear nuestros propios productos, nuestra marca y exportarla.

La economía Alemana tenía en 2019 prácticamente pleno empleo con un 5% de paro estructural, su economía está saturada, reciben mano de obra de otros países, entre ellos España porque no hay alemanes suficientes para tanto trabajo, he ahí la gran oportunidad.

En definitiva, tenemos por delante nuevos retos y un escenario esperanzador a pesar de los contratiempos sufridos en este 2020. Necesitamos aprovechar los puntos fuertes de nuestra economía para adaptarnos a un nuevo modelo productivo y ser competitivos en este mercado globalizado.