Andalucía necesita una política industrial seria y decidida, no un simple plan de marketing. Llevamos meses escuchando grandes titulares de la Administración pública andaluza: el Proyecto de Ley de Espacios Productivos (LEPA), los 1,4 millones de euros para incentivar proyectos en Sevilla, Huelva y Málaga, o los 50 millones para la mejora de polígonos.

En el papel, suenan prometedores. Sin embargo, en el mundo real, los anuncios no se están traduciendo en hechos tangibles. El problema no es la falta de buenas ideas, sino que estas se quedan en titulares de prensa sin materializarse. Se anuncian fondos, pero luego las bases de las ayudas no se publican a tiempo, o lo hacen con plazos tan ajustados que es casi imposible para las empresas prepararse y presentar proyectos de calidad.
¿ A qué se debe este decalaje entre lo prometido y el cumplimiento de las promesas? No se debe a una falta de profesionalidad de quienes gestionan las distintas administraciones regionales. Posiblemente tengamos al equipo de profesionales mejor preparados en la administración pública desde la llegada de la democracia.
Nos atrevemos a achacar esta demora al exceso de regulación, de normativas internas, de procesos administrativos internos, de cadena de firmas interminables que hacen que todo se demore.
La reciente convocatoria de 1,4 millones de euros es un claro ejemplo: se publicita con gran difusión en medios, pero el plazo para solicitarla es tan corto que en la práctica, esto es una carrera de obstáculos que deja fuera a muchas empresas que, aunque con potencial, no tienen la capacidad para reaccionar de forma tan inmediata. El sector industrial andaluz no puede vivir de promesas. Cuando se anuncia una línea de ayudas de 50 millones de euros para polígonos industriales, la expectativa es que esa ayuda esté disponible pronto. Sin embargo, la propia Consejería ha deslizado que la convocatoria está prevista para finales de 2025. Un año de espera entre el anuncio y la posible realidad es demasiado para un sector que necesita inversión y certidumbre.
Otro ejemplo de parálisis por el análisis lo encontramos en la Agencia Trade, a la que se le cambió el nombre para desvincularse del pasado, pero los métodos y mecanismos son los mismos que en la época anterior. Esta agencia sacó el 18 de Junio una convocatoria de ayudas para el impulso de la actividad económica con el objetivo de fomentar el desarrollo industrial, la creación y el crecimiento de empresas generadoras de empleo y el impulso de la innovación productiva en los ámbitos de la especialización inteligente. A día de hoy, la ocnvocatoria no ha sido resuelta todavía.
Esta brecha entre lo que se dice y lo que se hace genera frustración y desconfianza. ¿Qué valor tiene un anuncio si las empresas y autónomos no pueden acceder a los fondos? Nos preocupa que esta estrategia de comunicación, que genera una imagen de actividad intensa, oculte una gestión lenta y poco efectiva. El tiempo de una empresa que quiere invertir, crear empleo y crecer no es el mismo que el de la administración. La verdadera política industrial no es un hashtag en redes sociales, es la publicación de bases de ayudas con antelación, la simplificación de trámites y la agilización de la burocracia.
Falta de visibilidad y planificación a largo plazo
Además de la lentitud en la ejecución, nos preocupa la falta de una planificación clara y visible. Los polígonos industriales en Andalucía adolecen de problemas estructurales que requieren una visión a largo plazo, no solo ayudas puntuales. La sobresaturación de las redes de suministro de electricidad están llevando a muchos proyectos a no ver la luz por falta de capacidad de la red o por demoras excesivas para que la compañía distribuidora de la zona ( que no olvidemos que es un monopolio por zonas) conteste. Más del 80 % de las redes eléctricas están saturadas y es imposible “ colgarles” un kilowatio de más.
La Ley de Espacios Productivos (LEPA), aunque es un paso en la dirección correcta, también se queda corta si no va acompañada de un calendario de implementación transparente y de una inversión constante. La incertidumbre sobre cuándo y cómo se podrán aplicar las medidas dificulta la toma de decisiones por parte de los empresarios. Se necesita más que la figura del «Espacio Industrial Protegido»; se requieren inversiones firmes en infraestructuras básicas como la energía eléctrica, el acceso por carretera o la conectividad digital, y un plan estratégico claro para el futuro de cada uno de estos espacios.
El desafío de atraer inversiones y retener el talento
Esta falta de acción real tiene un coste directo en el desarrollo económico. Las grandes empresas y los inversores no se basan en anuncios, sino en la seguridad jurídica, la estabilidad de las políticas de apoyo y, sobre todo, la agilidad de los procesos administrativos.
Si Andalucía quiere competir con otras comunidades autónomas y regiones europeas para atraer proyectos de alto valor, debe demostrar con hechos que está preparada. Del mismo modo, nuestro talento más joven y capacitado, formado en nuestras universidades, necesita ver que hay oportunidades reales y no solo promesas de empleo industrial. Es hora de dejar de anunciar y empezar a construir. Andalucía lo merece.